LOS OTROS HUMANOS
Empezamos a atrevernos a
salir de nuestro espacio de confort, lanzándonos a un universo tan inabarcable
como atrayente. Como especie, apenas hemos dado unos primeros y titubeantes
pasos hacia esta nueva era de formidables hallazgos. Hemos sido muchos los que imaginamos
ese incierto futuro, siendo uno de nuestros objetivos prioritarios el contestar
a esa eterna pregunta: “¿Estamos solos?”. Lo inevitable es que nuestros ojos
miren a las estrellas a la hora de formularla, aunque solemos olvidar que ya
tuvimos compañía hace miles de años. Es por ello que, antes de despegar hacia
el infinito y más allá, quizás debamos acordarnos de aquellos que caminaron a
nuestro lado y que, en cierta forma, nos acompañan en este viaje.
La imagen que siempre
hemos tenido de los neandertales ha sido la de seres primitivos, rudos y
salvajes. Algunos hemos podido escuchar, una que otra vez, referirse a otra
persona como “eres un neandertal”, cuando esta se comportaba de una forma incorrecta.
Hoy quiero romper una lanza en favor de ellos, pues nada más lejos de la
realidad. Enterraban a sus muertos junto a los utensilios que usaban a diario y
adornados con collares u otros abalorios. Tenían algún tipo de lenguaje y lo sabemos
por su manera de cazar, en la que era indispensable que lo tuvieran. También nos
han dejado pinturas que evidenciaban que poseían “sentido artístico” y cuidaban
de los enfermos o de los que no podían valerse. Además, no es cierto que su
desaparición fuese porque los sapiens los extermináramos. La verdad puede ser
más compleja.
Los neandertales vivieron en Eurasia durante trescientos mil años, llegando a coexistir con los sapiens durante varios miles de años. Por las pruebas genéticas, esta convivencia tuvo sus frutos en forma de descendencia. Tan es así que todos los seres humanos no africanos tenemos alrededor de un 5 % de ADN neandertal. No es la única especie coetánea nuestra que nos ha dejado su herencia. Los denisovanos eran prácticamente unos desconocidos hasta no hace mucho. Estaban emparentados con los neandertales, esparciéndose por Siberia y Asia oriental. Su aspecto físico no se tiene aún muy claro, aunque se piensa que se parecerían a sus primos. Tampoco ellos desaparecieron sin dejarnos su huella, en este caso entre los habitantes del extremo oriental de continente asiático, incluida Oceanía. Los melanesios son los que mayor tanto por ciento poseen.
En su desaparición
coincidieron múltiples factores, tanto climáticos como de adaptación, por eso
afirmar que los extinguimos no sería correcto. En todo caso los absorbimos. Haz
el amor y no la guerra, como decíamos hace unas décadas. Esto me lleva a otro
tema, como es si se pueden considerar humanos a neandertales o denisovanos. La
ciencia se basa en criterios genéticos a la hora de dar respuesta a esta
pregunta, algo lógico. Pero deberíamos tener en cuenta que el término humanidad
engloba algo más que una cadena de ADN. En nuestra lengua, rica y variada,
ambos conceptos se engloban en una misma palabra. Me gusta pensar que es por
ser la propuesta más humana, pues lo que nos define como especie es mucho más
que unos genes.
Para concluir, me gustaría
contaros una historia. Los sapiens salimos de África hace unos 50.000 años y
conquistamos La Tierra. Sin embargo, 40.000 años antes algunos se adelantaron,
asentándose en Oriente Medio. Durante un tiempo se creyó que su recorrido acabó
ahí, pero recientemente se ha descubierto que se adentraron en Asía, relacionándose
con neandertales y denisovanos. Tenían unas características genéticas
peculiares, que los distinguían de los sapiens que llegaron posteriormente. Por
eso se sabe que no dejaron su impronta en las siguientes generaciones.
Desparecieron sin que
existan descendientes suyos, al menos en nuestro mundo… Pero esa, es otra
historia.

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