EL CINE: VISIONES FUTURAS.

Soy un gran amante del cine, en especial en pantalla grande. Desde niño me encantó zambullirme en las historias que contaban, a veces sintiéndome participe de ellas y en otras sólo un espectador privilegiado. En cualquier caso y durante un par de horas, me alejaba de mi realidad habitual para vivir fantásticas aventuras o intensas vidas. El resultado era una inevitable sobrecarga de emociones que elevaba mi imaginación.

Si tuviera que destacar una, la que se me vendría a la cabeza sería, indudablemente, “El planeta de los simios” (1968). La vi en enero de 1977, sin tener la menor referencia de ella y su final me dejó clavado en el sillón. En aquella época no logré captar todo su significado, ni algunos de sus guiños, pero aquella Estatua de la Libertad erigiéndose sobre la playa significó mi brusco despertar a la realidad del ser humano como especie. La palabra distopía estaba muy lejos de entrar en mi vocabulario, pero esta y otras películas de la época (como la espléndida “La invasión de los ultra cuerpos” - 1978) cimentaron ese imaginario futuro apocalíptico.


Desde entonces hemos sido bastante agoreros a la hora de recrear nuestro futuro, incluso cuando dejamos una puerta abierta a un “final feliz”, este no lo es. Se me viene a la cabeza “Total Recall” (1990), en la que nunca terminamos de quitarnos la duda de si lo que vemos es real o no. Ese ambiente asfixiante y decadente que muestra el filme sigue la línea marcada por la impecable “Blade Runner” (1982), quizás la más destacada e icónica pues ha marcado un camino. Su atmosfera cerrada, esas tramas escabrosas o sus personajes amorales que buscan una forma rápida de alcanzar su particular paraíso, me hacen recordar al cine negro (“El sueño eterno” - 1946 o “Chinatown” - 1974). En este caso, Dekard sería el Sam Spade o el Phillip Marlowe de turno. Sí, lo reconozco, el personaje Juan Reyna de mi novela, es mi particular homenaje a todo ese género. Ya que hablo de atmosferas cargadas, he de hacer mención a una película de ciencia ficción cuyo protagonista es un Marshall y está inspirada en “Solo Ante el peligro” (1952). Me refiero a “Atmósfera Cero” (1981), que se desarrolla en un ambiente asfixiante y claustrofóbico. Sinceramente, la recomiendo.

Afortunadamente aparecieron “Star Wars” (1977), “El imperio contrataca” (1980) o “Star Trek: la ira de Khan” (1982) para hacernos ver que, pese a los aspectos negativos de la humanidad, aún conserva una infinita capacidad de amar y es esto, más que cualquier otro avance, lo que nos permitirá encarar el futuro con esperanza. Acabo y como es menester creo que debemos hacerlo recordando al maestro John Williams cuya filmografía cinematográfica es tan larga e impresionante como prodigiosa. Particularmente, cada vez que me pongo los cascos y una de sus canciones suena, cierro los ojos y dejo volar mi imaginación. Entonces sé que cualquier cosa puede suceder.    

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